Fibromialgia

EL SENTIR DEL FIBROMIÁLGICO

Desde niña asumí que era una persona sensible. Lo que yo consideraba injusticias me ponían triste y quería luchar por defender lo que para mí era lo correcto. Cualquier palabra dañina me hacía llorar, si me elevaban la voz, más de lo mismo. Me sorprendía que la mayoría de la gente que me rodeaba no se viera afectada como yo por sucesos tristes. Cuando fui creciendo, envidiaba a las personas que no les hacía daño las barbaridades del mundo. Hasta ahí, todo dentro de lo normal, con los años comprendes que hay seres humanos más sensibles o menos por diferentes motivos. Ahora viene lo excepcional. Siendo muy niña, no recuerdo bien la edad, entre 7 o 9 años, más o menos, me viene a la memoria algún momento de tristeza sin razón. Mi vida era la de cualquier pequeña. No me había sucedido nada fuera de lo normal. Fui creciendo, llego a la adolescencia, y con 15 años, de vez en cuando, una tristeza muy profunda inundaba mis ojos de lágrimas. No sabía la razón, pero con la mente buscaba dar motivos para poder comprender. La realidad es que no había un porqué, al menos, ninguno de los que yo pudiera creer en aquel entonces. Poco a poco más cambios de humor de alegre a triste, de hedónica a anhedónica, de sentirme bien a sentirme mal. Si algún sano está leyendo esto pensará que todos tenemos días mejores o peores, pero no, no es a lo que me refiero. No eran subidas o bajadas dentro de la curva normal emocional, eran picos muy marcados. Incluso si un día había un evento de esos que te ponen super feliz, por alguna razón que yo desconocía hasta ese momento, no conseguía animarme si mi cuerpo lo había decidido así. O me creaba mucha ansiedad incluso si estaba en positivo. En cuanto a mi sensibilidad, con más escudos, pero de fondo seguía igual, sufriendo como una condenada por muchas cosas que no eran ni cercanas a mí. Así fue transcurriendo mi vida, entre sonrisas y lágrimas. Eso sí, ya me encargaba yo de enseñar más los dientes en la calle y el llanto en mi casa. Eso cuando podía claro. A veces la emoción era tan potente, que por encima de mi deseo de no llorar en público, ella hacía de las suyas, y el llanto se volvía explosivo y alarmante. De ahí que mi madre me dijera que valía de plañidera siciliana, o mis amigas que era muy actriz. Pero lo curioso es que yo no actuaba, sentía hasta ese nivel inconcebible que me producía una explosión bestial. Eso sí, días después, como por arte de magia, volvía a un estado de felicidad normal, o mejor dicho, muchas veces efusivo en exceso. Llegué a pensar que era bipolar, pero cuando estudié psicología, entendí que no, ya que no reunía los parámetros para serlo. Entre temario y temario, descubrí la fibromialgia, me veía muy reflejada, pero me enseñaron que no tenía solución, así que, pensé, para qué ir a hacerme un diagnóstico si no tiene cura. Eso en el caso de que lo tenga, porque yo por aquel entonces estaba diagnosticada de ansiedad generalizada y fobias. Así fue transcurriendo la vida, entre terapia y terapia, psicólogos y psiquiatras, métodos alternativos, y yo iba a peor. Es verdad que mi trabajo interior fue tal, que lo bueno de haber pasado por tantos profesionales de la mente, es que emocionalmente me hice muy madura. Entiéndase bien esto. No perdí mi sensibilidad ni mucho menos, pero traspasé bastante al ego, interpretaba los sucesos de modo positivo, y caminaba por la vida intentando no dramatizar ni ser victimista. “El guión de mi camino era sólo responsabilidad mía”.Eso sí, me seguía cambiando el humor a antojo de estímulos que yo no controlaba. Como por ejemplo, el clima. La humedad y la lluvia me creaban muchísima ansiedad aunque no supiese con mis ojos lo que ocurría en el exterior. Ahí estaba la gracia, no podía ser una interpretación de mi subconsciente que por algún motivo le entristeciera el ver llover. Al contrario, yo siempre he pensado que si hace mal tiempo se pueden hacer mil cosas, eso no es motivo para aburrirse. La vida transcurrió, yo empeoraba y empeoraba, y un buen día en la primera cita con un psiquiatra nuevo en la seguridad social, me pregunta si he contemplado la posibilidad de tener fibromialgia por las cosas que le contaba y porque me levanté de la silla como un robot oxidado. Le dije que sí, pero que como no existía la cura, no le había dado más bombo a ese tema. Me envío al reumatólogo, y sorpresa. Toda mi sintomatología cuadraba en aquella enfermedad. El diagnóstico no fue alentador, pues llevaba con ello desde el nacimiento, o fijo, antes de los 13 años. Tenía ya 37. Y al no haber puesto tratamiento primero, era muy difícil ayudarme con la medicación. Tenía un nivel 3. 18 de 18 puntos gatillo y todos los síntomas que reúne la enfermedad. Gracias a dios, yo llevaba tomando antidepresivos muchos años, porque no os he dicho que a los 23 también me diagnosticaron depresión mayor. Casualmente o causalmente, estaba en el mejor momento de mi vida y yo no entendía nada de lo que me pasaba. ¿Será verdad, pensé? Igual ahora de repente me entra depresión por cosas del pasado. Pero esa teoría me descuadraba. Evidentemente ahora se que la depresión era producida por la baja serotonina debido a la fibromialgia. Pero en aquel momento, ni idea. Y gracias a haber tomado antidepresivos desde esa edad, al menos mis receptores de serotonina seguían haciendo su trabajo. Llegados aquí, tendría que contaros mil cosas como para escribir un libro, pero como esto es un escrito sólo de las emociones con fibromialgia, lo dejaré ahí. Si eso ya escribiré mis memorias algún día😂. Entendí de una santa vez, por qué yo era tan sensible. No era cuestión de ser mejor o peor persona, cosa que ya tenía claro a esas alturas, sino de que mis químicos cerebrales no funcionaban bien, al igual que en tod@s las fibromiálgicas, y de ahí que muchas veces sintamos de un modo superlativo. Que un evento tanto positivo como negativo nos agote psicológicamente, nos cree ansiedad, y no controlemos la efusividad de nuestras emociones, ni tampoco sus derrumbes. Un día se nos puede ver felices como perdices, y al día siguiente hundid@s en la más profunda desesperación. Y hasta que los neurotrasmisores no decidan estar en equilibrio, nosotr@s tampoco lo estamos. Hay formas de ayudarlos un poco. Con masajes relajantes, meditación, yoga, etc, etc. Pero olvidaros de curas milagro. Nuestro sistema nervioso simpático está desequilibrado, y que yo sepa, nadie aún ha conseguido solucionar eso. Puede que mejorarlo algo sí, pero arreglarlo para que sea como el de una persona sin la enfermedad, no. La parte positiva de saber de dónde viene todo es que cuando lloréis, riáis, estéis tristes o alegres, felices o infelices…No os culpéis por ello, no somos dioses para cambiar nuestra enfermedad a nuestro antojo. Ojalá fuese así, pero no lo es. Así que, a aceptar lo que hay, y a quien no le guste que seamos tan sensibles, que no nos mire😜 Los que sufrimos en nuestras carnes la fibromialgia sabemos de qué va el tema. La gente que no, pero que es empática y abierta de mente, se lo puede imaginar, y los demás no nos tienen que importar sus juicios de valor. Cada uno a su vida😜 Se me ocurre una frase para una pancarta:¡SOMOS MUY SENSIBLES QUERAMOS O NO!😂😂😂😂(pizca de humor)

Y con esto y un bizcocho, a seguir nuestro camino con mucha sensibilidad y ojalá que apoyo. 🙏

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